La saya es un tipo de música muy famosa en América del Sur, sobre todo en las regiones andinas. Pero fue en el colegio, a los 11 años, cuando la saya dejó de ser uno de esos ritmos simples que se escuchan en la radio para convertirse en un ritmo que se lleva en la sangre. Para toda la vida. Ese año, el profesor de educación física quería hacer una presentación del baile de saya y escogió a cuatro alumnos y cuatro alumnas. Uno de ellos fui yo.
Las prácticas eran casi diarias, y el profesor era un genio explicando la coreografía, además de crear un ambiente divertido. Ya no recuerdo cuántas semanas de ensayos después de las clases tuvimos que hacer, pero el día de la presentación llevábamos puestos los trajes de caporales —caporales es otra palabra para “capataz” y tiene que ver con la historia de este estilo musical. Explicaré más sobre esto en un momento.
El baile salió muy bien; los padres de familia aplaudían, y la foto después de la presentación se veía muy profesional, considerando que éramos un grupo de seis niños de once años. Fue una experiencia excelente, pero lo extraordinario ocurrió después. Lo que había empezado simplemente como un entrenamiento de coreografía y una presentación de baile dejó una marca indeleble de ese ritmo tan sabroso y especial: el ritmo de la saya.
Historia de la Saya
Está más que claro que la saya tiene mucho que ver con los africanos; en otras palabras, con los negros, mulatos y morenos que llegaron a Sudamérica. Es algo curioso, porque es música de los Andes, y si algo se dice de la sangre negra es que no se adapta muy bien a las alturas. ¿Cómo es posible que un ritmo de los Andes haya nacido como mezcla de las culturas africana y andina?
Sudamérica siempre ha sido una región con gran cantidad de recursos y poca población para explotarlos, desde que llegaron los españoles hasta hoy en día. Y justamente esa falta de mano de obra fue la razón por la que muchas poblaciones de todo el mundo llegaron al continente. Una de ellas fue la africana, en este caso, lamentablemente, esclavizada.
Para los africanos, la música es tan importante como la comida; es parte de la vida. Sin duda, gracias a ellos el mundo disfruta hoy de ritmos que son famosos internacionalmente. Así fue como estos africanos, que llegaron a las minas de Potosí en Bolivia y luego fueron trasladados a plantaciones de coca y café —como mencioné antes, la sangre negra no se adapta bien a las alturas— conservaron todo el tiempo sus ritmos, cantos y danzas africanas.
Algo muy curioso es que la palabra saya viene del kikongo “nsaya”, que significa trabajo colectivo bajo un mismo ritmo (el kikongo es una lengua bantú hablada principalmente en la región del Congo). Los africanos esclavizados fueron traídos a Sudamérica en los siglos XVI y XVII. Durante cientos de años, sus culturas se mezclaron con la cultura andina.
El resultado fue la música saya, que fue y es sobre todo popularizada por Los Kjarkas, un grupo boliviano muy famoso. La música fue y sigue siendo una forma de contar historias, de resistencia, de orgullo y de celebración de la vida. Es la forma de comunicación más universal que existe y que sigue evolucionando. Así, la saya se ha convertido hoy en día en un símbolo de la cultura afroboliviana, y también se baila y canta en Perú, Chile y otras regiones andinas.

Las Letras de la Saya revelan su origen africano
Los Kjarkas – «El ritmo negro»
- «El ritmo negro de corazón… saya boliviana, saya de los Yungas»
- «De los morenos… se siente fuego en la sangre»
- «Música afro boliviana… sabor moreno»
Los Tekis
- «En la fiesta de los negros… mis penas se irán bailando»
- «Tus negros ojos, tu piel, tu boca…»
- «Al ritmo negro del corazón.. Saya boliviana, Saya de los Yungas»
Y así muchas más canciones mencionando a los negros y su sabor, alegría y fuerza.
Fusión musical única, soporte, resistencia
Con la llegada de los europeos a Sudamérica, los andinos vivían en condiciones de vida muy precarias. Si bien no estaban esclavizados, eran marginados. Los africanos, en cambio, llegaron esclavizados. Por lo tanto, ambos grupos compartían los mismos opresores.
Aunque hubo diferentes formas de lucha, la música y la fusión de los estilos musicales de estos dos grupos fue y sigue siendo una forma de resistencia: una manera de afirmar que la cultura no puede ser aniquilada y que seguirá viviendo. Esta fusión es una de las más originales y únicas del mundo: la música andina y la música africana.
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